martes 24 de noviembre de 2009

NYC: Un taxi amarillo a hacer puñetas



El conductor de Sleepy's se durmió, juas juas! Da igual, lo que más hay en NY son taxis amarillos.

lunes 23 de noviembre de 2009

NYC: Student of the month

domingo 22 de noviembre de 2009

NYC: Subway (III)

jueves 19 de noviembre de 2009

NYC: Subway (II)

martes 17 de noviembre de 2009

NYC: Subway

lunes 16 de noviembre de 2009

NYC: New York delicatessen

sábado 14 de noviembre de 2009

NYC: Soho



miércoles 11 de noviembre de 2009

NYC: Chinatown (II)


martes 10 de noviembre de 2009

NYC: Chinatown



domingo 8 de noviembre de 2009

NYC: A Manhattan

sábado 7 de noviembre de 2009

NYC: Rumbo a América



miércoles 4 de noviembre de 2009

Buque de aprovisionamiento de combate PATIÑO

martes 3 de noviembre de 2009

El hombre feliz

viernes 30 de octubre de 2009

Light painting: I miss you

martes 27 de octubre de 2009

October rain? (III)

domingo 25 de octubre de 2009

October rain? (II)

viernes 23 de octubre de 2009

October rain?

martes 20 de octubre de 2009

Cala Galdana sunset (Menorca)

lunes 19 de octubre de 2009

Photocall Ciutadella de Menorca (V)

sábado 17 de octubre de 2009

Photocall Ciutadella de Menorca (IV)

Photobucket

miércoles 14 de octubre de 2009

Photocall Ciutadella de Menorca (III)

martes 13 de octubre de 2009

Photocall Ciutadella de Menorca (II)

lunes 12 de octubre de 2009

Photocall Ciutadella de Menorca



Divertido es sacar los flashes a la calle y hacer algunas fotos de la gente que se muestra dispuesta a ser retratada.

jueves 8 de octubre de 2009

Una bocanada de aire fresco


De la serie de suicidios animales.

miércoles 7 de octubre de 2009

Historia de una foto: El presidente Zelaya durmiendo en la embajada de Brasil


Edgard Garrido / Reuters (*) | Tegucigalpa. Durante dos semanas, he dormido con un dedo en el disparador de mi cámara, a pocos metros de donde Manuel Zelaya, el derrocado presidente de Honduras, se refugió con la esperanza de retornar al poder.

Como fotógrafo de Reuters en Honduras fui uno de los pocos periodistas que logró colarse en la embajada de Brasil en Tegucigalpa cuando Zelaya regresó y se refugió allí, casi tres meses después de que militares lo expulsaron del país.

Dos semanas después de su regreso, Zelaya sigue en la embajada, rodeado de policías y soldados hostiles. Junto a él, yo tengo el privilegio de enviar al mundo imágenes de la historia, mientras lidio con la escasez de alimentos, la falta de sueño y fuertes emociones.

Cuando logré una imagen de Zelaya dormido, con su clásico sombrero vaquero blanco cubriéndole la cara, fue un triunfo, y la foto ha sido usada ampliamente en todo el mundo.
Una cobertura inusual e incómoda

Pero estoy cansado de dormir en el suelo y de la poca comida, así como de tener los nervios alterados por la intimidación de los soldados afuera y por la incertidumbre de cuándo terminará esto.

Zelaya y el presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, están acercándose a posibles negociaciones para desbloquear la situación. Pero, el izquierdista Zelaya insiste en que debe ser restablecido en la presidencia, mientras que Micheletti afirma que debe enfrentar cargos por traición.

Con tanta distancia por recorrer, no está nada claro cuándo terminará la crisis o mi inusual e incómoda cobertura. Todo comenzó con la noticia del regreso de Zelaya. Le di un beso a mi esposa y a mi hijo y salí con tanta prisa que olvidé ponerme los calcetines. "Adiós, nos vemos pronto", les dije. No tenía ni idea de lo que me esperaba.

Después de tratar de confirmar un rumor de que Zelaya estaba en una oficina de Naciones Unidas, un grupo de sus seguidores y reporteros corrimos hacia la embajada de Brasil, un modesto edificio de dos pisos. Tras algunos empujones en la puerta, pude pasar.

Me dijeron que Zelaya estaba en el otro cuarto, donde continúa hasta hoy. La gente que entraba y salía de esa habitación me confirmaba su presencia, pero necesitaba verlo con mis propios ojos. Una puerta se abrió y allí estaba. Saqué dos fotos y envié mi primer despacho.
Tensiones nocturnas

Zelaya decidió acampar justo donde estaba. Sus seguidores celebraron y durmieron afuera. Con el suelo de cemento como cama y mi mochila como almohada, no pude dormir entre los gritos y los cantos.

El Gobierno de facto respondió rápidamente y soldados y policías disolvieron las manifestaciones pro-Zelaya afuera de la embajada, al tiempo que encendieron un aparato acústico de alta frecuencia para molestar a quienes estábamos dentro.

Las tensiones subieron, con la preocupación acerca de una operación militar para tomar el control de la embajada. Dormía prácticamente con el dedo en el disparador, preparado para lo que parecía una intervención inminente, para protegerme, para fotografiar.

Tras dos días dentro de la embajada, no teníamos alimentos, ni teléfono, ni descanso, ni baño, ni ropa limpia. Por las noches, los soldados hacían sonar sus escudos antidisturbios. Se convirtió en una guerra de nervios. Piedras golpeaban el techo mientras el himno nacional de Honduras sonaba desde un poderoso equipo de sonido en las cercanías.

Luego hubo acusaciones de un ataque con gas. Zelaya dijo que creía que mercenarios tratarían de forzarlo a salir usando gases tóxicos. Algunos en el edificio sangraban por la nariz. Afuera, los funcionarios decían que los olores venían de un equipo de limpieza cercano, pero no estaba claro qué estaba pasando en realidad.

Zelaya, con más comodidades

Finalmente, las tácticas de presión se relajaron y comencé a recibir comida, ropa limpia y un colchón inflable de mis colegas en el exterior, aunque los policías se comieron parte de un paquete que habían prometido pasarme.

Zelaya supo que mi foto de él dormido estaba siendo publicada por el mundo y me llamó. La aplaudió, pero estuvimos en desacuerdo acerca de cómo pueden fotografiarse a los funcionarios públicos y sobre el valor documental de las imágenes.

Tras dos semanas de esta situación, hemos desarrollado rutinas para acceder a comida, agua y al baño. Zelaya, su familia y sus amigos más cercanos tienen más comodidades, pero sólo hay dos duchas para las otras 70 personas dentro de la embajada.

Ahora recibimos alimentos por parte de nuestros amigos afuera, pero puede ser algo caótico. He fabricado una cuchara a partir de una taza de plástico y le pago a un partidario de Zelaya para que me lave la ropa.

Sus seguidores comen lo que envía Naciones Unidas. Zelaya come su propia comida y yo la que me envía Reuters. Nos envidian los colchones inflables. Al final de cada día recibo una llamada telefónica. Mi esposa dice "nuestro hijo está bien, nos vemos pronto".

(*) Edgar Garrido es fotógrafo de la agencia Reuters. Lleva dos semanas encerrado en la embajada brasileña en Honduras con Zelaya.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/06/internacional/1254858193.html